Justamente hace dos años me mudé al lugar donde estoy viviendo ahora(el dia que escribo esto), a mi apartamento.
En la aplicación que uso para gestionar mis fotos aparecen esos recuerdos que, cada cierto tiempo, te sorprenden. Entre ellos había un video mío. Un video muy parecido a los que suelo grabar a fin de año.
Siempre he tenido la tradición de documentar. Hay muchos videos que son mensajes para mi yo del futuro. Videos que ni siquiera recuerdo haber grabado y que, con el tiempo, terminan siendo una forma muy bonita de conectar con el pasado.
Y eso fue lo que pasó esta vez.
Era un video de Rodolfo del 2024. Un video despidiéndose de su último lugar. De su último cuarto. En ese video hablaba de cómo se despedía de su “templo” para ir a un lugar nuevo.
Desde que inicié mi vida adulta, siento que he tenido tres templos, entre comillas:
mi cuarto de universitario,
mi cuarto de joven adulto,
y mi cuarto —o apartamento— de adulto.
(Sí, ya me está llegando la crisis de los veintitantos.)
Hoy reflexiono sobre algo que leí hace cinco años en el libro Atomic Habits. En uno de sus capítulos se habla de la importancia que tiene el entorno en cómo actuamos.
Puede parecer obvio para muchos, pero una vez que realmente entendemos cómo nuestro entorno afecta nuestro comportamiento, muchas cosas empiezan a tener sentido. Incluso empezamos a tener un poco más de compasión con nosotros mismos.
Un ejemplo sencillo que menciona el libro es el hábito de la lectura. No es lo mismo querer leer más sin tener libros cerca, que tener uno siempre a la vista: en la mesa de noche, en la sala, en la oficina. Cuando el libro está ahí, forma parte de tu entorno.
Hay otro libro, Dopamine: The Molecule of More, que habla de un concepto similar: lo que está al alcance de nuestras manos y lo que no lo está. Ese pequeño espacio entre la intención y la acción.
Volviendo al ejemplo, no significa que por tener un libro cerca automáticamente vamos a leer más. O que por tener una pesa vamos a hacer más ejercicio. Pero sí reduce la fricción del hábito.
Reducir la fricción significa que, cuando quiera leer, no tendré que decidir qué libro escoger, ir a buscarlo al librero o sacarlo de una gaveta. Simplemente está ahí.
Y esa es la reflexión de hoy: los espacios que habitamos son, en muchos sentidos, un reflejo de quiénes somos. Para bien o para mal.
Muchas de las personas que han compartido espacios conmigo en mi apartamento saben a lo que me refiero. Saben lo particular que puede llegar a ser mi espacio.
Así que ahora te pregunto:
¿cómo es tu espacio? ¿Hay algo que te gustaría cambiar?
Contame, que te leo.
Nos vemos la siguiente semana 🚀
| | “No nos elevamos al nivel de nuestras metas, caemos al nivel de nuestros sistemas.” — James Clear |