Llevo semanas pensando en este newsletter, en cómo poner en palabras lo que este año fue sin que sea un manuscrito, sin ser redundante y sin caer en contradicciones.
Hoy escribo desde una de las cafeterías más especiales para mí, desde la ciudad que me vio crecer, con un café a mi lado y Mijo J sonando en mis audífonos. Me recuerda a estar en Ciudad de México en febrero, escribiendo en un café, con ese olor característico a piña con carne adobada. Son momentos así los que más inspiración me dan: ese sentido de plenitud, de paz interna. O como hablaba el filósofo Epicuro sobre los conceptos de aponía y ataraxia, la ausencia de dolor físico y la tranquilidad del alma.
Cada año me tomo el tiempo de sentarme a reflexionar. La semana pasada les comentaba que soy más fan del 31 de diciembre que de la Navidad. La razón es simple: de una u otra manera, todos nos sentamos a pensar, a reflexionar o a darle sentido a nuestro año. Aunque técnicamente la diferencia entre el 31 y el 1 de enero sea solo otro día, o que, a escala cósmica, ni siquiera exista este concepto de “año nuevo” —solo damos una vuelta más al sol—, es esa belleza que nosotros, como seres humanos, nos damos. Esa narrativa. Eso es lo que nos hace ser quienes somos.
Este año ha sido uno de los más retadores de mi vida. Recuerdo que en enero escribí mi “2025 Manifesto” y dije que este sería el año en el que más trabajaría de mi vida. Y lo fue. Una verdadera self-fulfilling prophecy. Lo que no sabía era que eso me costaría casi todas mis relaciones personales durante los primeros seis meses del año.
Me alejé de amigos, de mi familia, de voluntariados, de mí mismo y de personas que siempre estuvieron ahí para mí. Se sintió como entrar al agua y no escuchar nada. Cuando salí, me di cuenta de que estaba solo.
Una de las lecciones más duras que aprendí fue esa. Hoy, mientras escribo esto, me pregunto: ¿me arrepiento? La respuesta es no. Todo tiene su espacio, su tiempo y su proceso. Los primeros seis meses del año me enseñaron muchísimo, me forjaron y me hicieron entender que soy capaz de mucho más de lo que pensaba.
Para mí no existe el “trabajo”. Lo que hago es mi estilo de vida.
Tuve el privilegio de decidir qué hacer con un tercio de mi vida. En teoría dormimos 1/3, “trabajamos” 1/3 y tenemos 1/3 para el resto. Mi vida es muy distinta a la norma, y eso es por diseño.
Fue un año de muchos viajes. Es increíble pensar que hace dos años le pregunté a alguien: “¿cómo haces para viajar tanto?”. Y este año estuve en ocho países. Tomé 16 vuelos —ya saben cómo soy con trackear cosas—. Cada viaje me marcó; cada uno me recordó lo amplio y vasto que es el mundo, lo mucho que me falta por aprender y, al mismo tiempo, me conectó más que nunca con mis raíces, mi cultura, mi país y conmigo mismo.
Este año también me perdí. Me miré al espejo y no sabía quién era la persona del otro lado. Y así fue como, por decisión propia, durante los últimos cuatro meses del año cancelé todo: viajes, reuniones, trabajo, proyectos.
Ginebra Suiza viendo el atardecer de este año
Gracias a mi red de apoyo, a mis amigos. Todos y cada uno de ustedes que estuvieron para mí este año saben quiénes son.
Este año publicamos 52 newsletters acá con ustedes. Muchos están desde el comienzo, otros se han ido sumando en el camino y otros ya no están por aquí. Ustedes son la columna principal que sigue sosteniendo este proyecto semana a semana, y por eso quiero compartir algunos comentarios que me dejaron.
No conocía la frase completa. Al leer aquella entrega reflexioné y noté cuántas veces he aportado más valor por tener un abanico más amplio de referencias y herramientas. Gracias al newsletter reivindiqué mi identidad como generalista, y no quisiera que sea de otra manera.”
-Lector Anonimo
“Aunque ya no nos veíamos tan seguido, el newsletter se volvió la forma en que sabía qué estaba pasando en tu vida. Era como ponernos al día. Más allá del contenido, lo que siempre me quedó fue tu disciplina. Aun en medio de mil cosas, siempre encontrabas el espacio para escribir.” -Lector Anonimo
Me siento profundamente agradecido por cómo ha crecido este proyecto. Sigo anonadado de saber que hay personas que leen lo que escribo y me siento honrado. Asi que hoy cerremos el año juntos.
Gracias eternas.
Nos vemos… el siguiente año
“La vida solo puede ser comprendida mirando hacia atrás, pero debe ser vivida mirando hacia adelante.” — Søren Kierkegaard
Si tienen más reflexiones sobre este tema o desean compartir sus propias experiencias, no duden en responder a este correo. Sus voces son importantes y me encantaría integrarlas. {{ address }} Unsubscribe