En el año 2023 tuve la oportunidad de viajar a Washington, D.C. para una conferencia increíble. Fue el primer evento internacional al que asistí.
Uno de esos momentos en los que te das cuenta de lo grande que es el mundo, de lo poco que uno ha visto, y también de la suerte que tiene. Pero lo que quiero compartir hoy es más que un recuerdo. Es una reflexión personal y tal vez, un consejo.
Alguna vez leí una frase que decía que todos los consejos que damos son autobiográficos, creo que es verdad.
Ese día estaba en el National Air and Space Museum. Caminando entre exposiciones gigantes, fascinado por la tecnología, por las historias, por todo lo que había detrás de cada objeto. La exposición comenzaba con los primeros intentos de vuelo, los prototipos iniciales, y avanzaba hasta una de las grandes maravillas de la aviación comercial: el Boeing 747, uno de los aviones más grandes que han existido. También pude ver de cerca uno de los motores del Saturn V, el cohete que llevó al ser humano a la Luna.
Todo era enorme. Impresionante. Sin embargo, había algo extraño: todo se sentía familiar.
No entendía por qué. No sabía si era por mi background técnico, por mi gusto por la ciencia y la tecnología, o por algo más. Hasta que me detuve frente a una pequeña exposición sobre agujeros negros.
Había dos estudiantes universitarios explicando conceptos y respondiendo preguntas. Levanté la mano. No para hacer preguntas nuevas, sino para validar cosas que ya sabía. Conceptos técnicos sobre el horizonte de eventos, sobre cómo entendemos hoy el comportamiento de un agujero negro.
Y ahí me sentí —sin pena— súper nerd, fue en ese momento cuando hice clic.
Me di cuenta de por qué todo se sentía tan familiar: ya conocía gran parte de lo que estaba viendo. Conocía la historia. Conocía los conceptos. Lo que nunca había hecho era experimentarlo físicamente.
Era el primer museo grande que visitaba. El primer lugar donde tanta información, historia y conocimiento se materializaban frente a mí.
Vivimos en la era de la información.
En una era donde el acceso al conocimiento está más democratizado que nunca.
Sí, es cierto que hay desigualdades, que no en todos lados es igual, pero para muchos de nosotros hoy basta una conexión a internet para aprender cosas que antes eran impensables.
Ahí entendí algo importante sobre mí. Sobre mis prioridades. Sobre por qué siempre termino volviendo a aprender sobre los temas que me apasionan. Sobre por qué sigo persiguiendo cosas que me llenan y me hacen feliz y esa es la invitación que quiero dejar hoy.
Vivimos en un momento histórico donde las barreras de entrada al conocimiento son cada vez más bajas. Antes decíamos que estabas a una búsqueda de Google de aprender algo. Hoy estás a una pregunta de distancia.
No importa si no sabés formularla bien: herramientas como chatgpt, Siri o Alexa igual te van a acercar a una respuesta. Eso, claro, tiene riesgos. Pero esa es otra conversación.
Mientras camino y reflexiono, también me hablo a mí mismo. Ya que estoy en una etapa de mi vida en la que muchas veces no sé qué hacer, o no tengo claridad. Son momentos como este los que me recuerdan que siempre estoy a una búsqueda de distancia.
De aprender algo nuevo.
De conectar con alguien.
De encontrar una pista.
Tal vez eso es lo que estoy haciendo hoy: compartiendo esta experiencia Yyaprendiendo en voz alta...
Nos vemos la siguiente semana 🚀
| | “La curiosidad es el motor del aprendizaje.” — Albert Einstein |