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Aprender otro idioma fue el mayor regalo que no pedí

Noviembre 5 , 2025

Quiero hablar de algo que a mí personalmente me cambió la vida, y de algo por lo que al día de hoy sigo sintiéndome agradecido. Creo que escribirlo acá se queda un poco corto para todo lo que me ha traído en mi vida, pero voy a tratar de contarles un poquito de esta historia.

Como latinoamericanos, creo que crecimos todos escuchando la frase trillada de “el inglés abre puertas”. Sin embargo, no es hasta que llegamos a la vida adulta que nos damos cuenta de la realidad. Más allá de que el inglés sí —no creo que solo el inglés, sino los idiomas en general— abren puertas. No solo en lo profesional, sino también en lo personal, en lo social, en todos los ámbitos de nuestro día a día, de nuestras vidas.

Yo tuve el privilegio de poder estudiar un segundo idioma: el inglés. Recuerdo tener catorce años y ser obligado —y sí, la palabra es obligado—. Yo no quería estudiar; mi mamá quería que yo estudiara un segundo idioma. Pero yo no quería porque era un niño de catorce años que quería disfrutar sus fines de semana. Y para ese entonces, la manera en la que estudiaba era viajando dos horas a la capital, recibiendo cuatro horas de clase, y luego dos horas y media de regreso a mi ciudad. Recuerdo despertarme a las cuatro de la mañana para tomar el bus y regresar a las cinco de la tarde a mi casa. Una rutina muy cansada. Pero en el proceso, me enamoré del idioma. Me di cuenta de que aprendía mucho. Pero esa es solo la primera parte.

Cuando me gradué, no era perfecto en el idioma, ni mucho menos. Fue hasta después, poco a poco, en la universidad, que empecé a utilizarlo y a pensar en el idioma. Y creo que ese fue el momento de inflexión para mí: cuando empecé a pensar en este segundo idioma —de manera un poco arcaica, sí—, muchas cosas empezaron a hacerme sentido. Y muchas “puertas”, entre comillas, se abrieron.

El inglés me permitió conocer una cultura más allá de lo que yo conocía en mi país. Claro, se puede argumentar sobre la influencia que tiene Estados Unidos en toda Latinoamérica, pero creo que esa es otra conversación. Me permitió entender mucho más a fondo cómo otras personas ven la vida. Me permitió conectar culturalmente con personas no solo angloparlantes. Recuerdo este año estar en Ginebra y poder tener un suelo en común —un idioma en común—, que era el inglés. Fue el idioma que me permitió conectar con un sinnúmero de culturas, de personas y de países que jamás en mi vida pensé conocer.

El idioma me ha permitido escribir, leer, aprender, y en mi cabeza se siente como si fuera un sistema operativo diferente. Es otra personalidad. A veces, hasta en terapia me ayuda. Poder escribir en un segundo idioma me permite distanciarme un poco de mis emociones y sentimientos, para analizarlos de una manera diferente.

Así que esta ha sido mi historia y mi experiencia con el idioma. Hoy por hoy estoy estudiando otros idiomas —no tan dedicado como me gustaría—, pero me gustaría en el futuro poder vivir esa experiencia: vivir esas culturas de otros países, regiones y continentes. Porque, al final del día, mi curiosidad me lleva por esos caminos.


Nos vemos la próxima semana 🚀

“Un idioma diferente es una visión diferente de la vida.”
— Federico Fellini

Si tienen más reflexiones sobre este tema o desean compartir sus propias experiencias, no duden en responder a este correo. Sus voces son importantes y me encantaría integrarlas.
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