Hace un par de semanas tuve algo llamado "think day".
Pero esta historia empieza hace un par de años, cuando estaba leyendo un libro que marcó un antes y un después en mi relación con las redes sociales, las notificaciones y, en general, todos esos distractores.
Desde ese entonces no tengo notificaciones en mi teléfono (excepto WhatsApp y el correo electrónico). En ese libro encontré un ejercicio llamado Digital Sabbath: desconectarte por un tiempo definido, sin teléfono, sin internet, sin computadora.
La primera vez que lo probé fue un sábado, durante dos días. Estaba completamente solo en la casa en la que vivía y recuerdo que fue una experiencia introspectiva, fructífera… y también difícil. Al inicio era complejo adaptarme, sentía la necesidad de ver el teléfono. Pero con el paso de las horas empecé a aburrirme, y entonces empecé a leer, a escribir, a reflexionar. Me gusto tanto que me prometí hacerlo de nuevo algún día.
Del Digital Sabbath al Think Day
No fue hasta hace dos semanas que lo repetí, pero de una manera distinta. Esta vez no se trataba solo de desconectarme de lo digital, sino de ir más profundo: tener un día de pensar.
Hace tiempo vi una entrevista de Bill Gates donde contaba que se aislaba en una cabaña por una semana, solo con libros y cuadernos, para leer y pensar. Siempre soñé con hacer algo así. Y aunque todavía no llego a la cabaña en el bosque, encontré un video de Ali Abdaal que me motivó a intentarlo.
Recién regresaba de un viaje cansado, sobreestimulado, con muchas emociones mezcladas. Así que me regalé unas horas para mi propio Think Day. No fueron 24 horas completas, pero fue suficiente.
Ese mismo día escribí el newsletter donde celebrábamos un año de escribir semanalmente. Además, hice el ejercicio que Ali recomienda: la rueda de la vida (The Wheel of Life). Se trata de dividir la vida en varias áreas, calificarlas del 1 al 10 y reflexionar dónde estamos y qué necesita atención.
Fue un golpe de realidad. Vi aspectos que había dejado de lado, cosas sencillas y otras más profundas. Pero me dio claridad, tranquilidad… y la oportunidad de salir a caminar, aunque sea en medio de la ciudad.
¿Por qué parar?
Sé que suena a consejo trillado: “pará, respirá, sé consciente”. Pero, en serio, se nos olvida. El día a día nos arrastra y no siempre tenemos un espacio para mirar con calma dónde estamos.
Hoy, dos semanas después de ese Think Day, me siento revisando lo que escribí. Veo avances, compromisos cumplidos, y también recordatorios de cosas que aún tengo pendientes. Estamos entrando en los últimos tres meses del año —el famoso winter arc que tanto esta en redes— y lo tomo como un momento perfecto para enfocarnos, crecer y aprender.
Un recordatorio de ustedes
Hace poco recibí este testimonio que me dejó pensando mucho:
“Es viernes por la noche y estoy terminando de leer The Infinite Game de Simon Sinek. Mientras leía, pensaba en cómo, cada vez que leo tu newsletter, el tema de la semana termina apareciendo en mis conversaciones, pensamientos y lecturas.
Simon habla de la mentalidad finita: cuando creemos que ya tenemos todas las respuestas, dejamos de aprender y nos volvemos rígidos.
Me rehúso a dejar que mi percepción de la vida se limite solo a lo que ya conozco; quiero aprender de todo.
Para responder tu pregunta: cuando siento que llego al límite de mi conocimiento, busco hablar con alguien que sepa más. Hacer las preguntas correctas siempre me rescata del tedio.
Aprender es crecer, y crecer duele.”
Ese testimonio me recordó algo que hablaba con una amiga que estudia en Alemania: la diferencia entre una mentalidad fija y una mentalidad de crecimiento. Y lo cierto es que, aunque incomode, elegir crecer siempre vale la pena.
Y ahora te pregunto
¿Alguna vez imaginaste tener tu propio Think Day o un Digital Sabbath?
¿Te animarías a probar aunque sea dos o tres horas, lejos de todo, solo con vos mismo?
Si lo hacés, contame como te va...
Nos vemos la siguiente semana 🚀.
| | “El tiempo para reflexionar es tan importante como el tiempo para actuar.” — Peter Drucker |