Años atrás, cuando comenzaba en uno de los trabajos que más me enseñó, recuerdo que en mi primer día me mostraron un video que, hasta hoy, sigo revisitando de vez en cuando.
Este último año ha sido un torbellino: profesional, personal, familiar, emocional. Ha tenido de todo. Altos y bajos. Experiencias que aún me parecen surreales, compartidas con personas que jamás imaginé conocer.
Muchas veces me encuentro atrapado en mi propia cabeza. Siempre he dicho que en mi mente hay múltiples voces: una racional, otra emocional, una más curiosa…
Después de muchos años, he aprendido a convivir con ese monólogo interno. Hoy, me permite identificar lo que quiero decir, lo que quiero hacer… o incluso cómo me siento. Esa voz nunca se apaga. Es una mezcla constante de recuerdos, ideas, sensaciones.
Y cuando la vida se pone intensa —como estos últimos tres días— me detengo. Respiro. Observo. He vivido jornadas emocionantes, frustrantes, llenas de aprendizajes, y en medio de todo, volví a un video que me ancla siempre: “The Dunning-Kruger Effect” – TED-Ed
Este sesgo cognitivo plantea algo potente:
Las personas con poca experiencia tienden a sobreestimar sus habilidades.
Quienes saben más… suelen subestimarse.
En resumen: cuanto menos sabemos, más creemos saber. Y cuanto más aprendemos, más conscientes somos de lo mucho que nos falta por aprender.
He vuelto a ese video muchas veces. No como un acto de humildad obligada, sino como un recordatorio de que el aprendizaje es un ciclo. A veces estamos arriba, creyendo que ya dominamos algo. Otras veces estamos abajo, enfrentándonos al peso de la ignorancia consciente. Y ese ir y venir también es crecer.
Estos últimos días estuve en un evento con más de 2,500 personas de toda Latinoamérica.
Fundadores con ideas increíbles. Inversionistas con la capacidad de cambiar el rumbo de proyectos. Aprendí mucho. Me sentí orgulloso del equipo con el que fui. Vi lo que hemos crecido… y también todo lo que aún tenemos por aprender. (De eso les contaré en otra edición.)
Si hay algo que puedo decir hoy es que, más que buscar un balance permanente, mi vida se parece más a un péndulo.
Hay momentos donde mi atención y energía se van por completo a un área, y luego, cambian.
Y otras veces, ni siquiera el péndulo me sirve, y necesito volver a encontrar otro tipo de equilibrio.
Lo importante es conocernos. Entender qué nos funciona. Qué necesitamos ajustar. Qué podemos soltar.
Entonces te pregunto:
¿Cuáles han sido esos momentos en los que te sentiste atrapado entre saber mucho… y no saber nada? ¿Qué has aprendido de ellos? Te quiero leer.
Desde el aeropuerto de Ciudad de Guatemala,
Rodolfo.
PD: Estas últimas dos semanas han estado intensas, por eso no he respondido muchas de sus respuestas. Pero créanme: las leo todas. Y mientras pueda, seguiré interactuando con ustedes. Este espacio lo estamos construyendo juntos.
Nos vemos la próxima semana 🚀
| | “El ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona.” — Aristóteles |