No estaba en mis predicciones de este año que terminaría siendo invitado a un programa de cocina que mezcla recetas caseras con entrevistas a invitados. Un formato que no había visto antes… pero así fue.
Hace un par de semanas fui invitado a este programa y hoy te cuento mi experiencia. Así es, fue mi primera vez en televisión. Para empezar, recibí la invitación poco después de publicar el video en donde ya hacía públicos todos mis newsletters. Una compañera de voluntariado es la productora, y así fue como se dio la invitación.
Fue una mezcla de sentimientos entre nervios, incredulidad y risa. ¿Pero por qué risa? No en el mal sentido, sino como parte de la emoción y los nervios. ¿De qué iba a hablar? ¿Cómo irme vestido? Tal vez para personas que están acostumbradas a eso es algo normal, pero para mí no. Mis videos son una cosa y este formato es otra. Y así fue como me lancé. Dije: “Let’s do it”, y dejé de sobrepensarlo. Llegó el día y traté de simplemente disfrutar y vivir la experiencia.
En el momento, varias cosas pasaron por mi cabeza. Desde que te ponen el micrófono, yo pensaba: “Justo lo que yo hago, pero con un micrófono 10 veces más caro”. Me sorprendió la rapidez con la que pasó todo, y lo tranquilas que estaban las personas del equipo. Lo orgánico que se sintió. Según me dijeron, el chef que lleva el programa tiene años de experiencia, y se nota. Sin siquiera conversar antes ni diez minutos, ya tenía en su mente todo lo que quería preguntarme.
Rodolfo en programa Noches con sabor.
Después de una presentación un poco exagerada para mi gusto (y que se confundieran con mi nombre), ahí estaba yo frente a tres cámaras, tratando de parecer relajado, como si supiera lo que estaba haciendo. La entrevista se enfocó en inteligencia artificial, en lo que hago y en mi historia. No les voy a mentir: sí me sentí impostor de vez en cuando, citando autores o tratando de sonar como si supiera. Pero recordé que hace años, antes de empezar a leer, miraba videos de Roberto Martínez y otros creadores de contenido, y me decía a mí mismo: “Algún día quiero llegar a ser así”. Poco sabía que terminaría escribiendo semana a semana para ustedes.
Hubo partes un poco incómodas, como los cortes de cámara o esas “paradas a comerciales” que me dejaron algo desorientado, pero sobre todo me lo disfruté. Tenía en la cabeza esa presión de tener que ser siempre correcto, de no decir nada que no tuviera 100% claro. Al comienzo me sentía así, pero poco a poco hice las paces con eso y me dejé llevar. Me di permiso de fallar.
Por eso creo que terminó fluyendo la conversación: porque no estaba ahí con un discurso, ni tratando de vender algo. Simplemente estaba hablando de cosas que ya he hecho. Cosas que me gustan. Uno de mis lemas de vida es compartir cuando algo ya pasó. Me gusta hacer primero y hablar después, no al revés.
Y si te preguntás cómo estaba la comida que cocinó el chef… eso te lo cuento en otra ocación.
La semana pasada, uno de ustedes respondió la pregunta sobre cuál era su hobby o si sentía pasión por construir. Esta fue su respuesta:
“Es algo que sale natural, sin embargo, me he encontrado de lleno con la realidad de que a veces hay que detenerse, porque se puede convertir en una obsesión aunque sea totalmente voluntario.”
Esto me recuerda mucho a lo que hablábamos hace un par de semanas sobre el balance del perfeccionismo. Y refuerza esta idea de que no todo es blanco o negro. Siempre hay mucho de por medio.
Nos vemos la siguiente semana.🚀
"No esperes a sentirte listo para empezar." — Marie Forleo
Si tienen más reflexiones sobre este tema o desean compartir sus propias experiencias, no duden en responder a este correo. Sus voces son importantes y me encantaría integrarlas. {{ address }} Unsubscribe