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¿Perfeccionista o detallista? La delgada línea que casi me cuesta el trabajo

Mayo 28 , 2025

Perfeccionismo, botones y saber soltar

Uno de los primeros recuerdos que tengo sobre el perfeccionismo fue alrededor del año 2015. Recuerdo estar en el colegio, en una clase que se llamaba Expresión Cultural y Artística”. Ese día teníamos que terminar un regalo para el Día de las Madres. Era algo para colgar llaves: una especie de repisita que se instalaba en la pared.

Había muchos diseños y colores. La mayoría eran planos, algo en 2D, sin mucho relieve. El mío, al comienzo, era igual a los demás: un arco, papel con escarcha (brillantina) y letras. Pero en mi mente sentía que le faltaba algo más. Y así fue como se me ocurrió la idea de crear un “relieve”.

Imagínense un arco. No tenía ni idea de cómo hacerlo, solo sabía que quería que se viera diferente.

Honestamente, no me importaba si era mejor o peor que los demás. Solo quería hacerlo a mi manera. Pasé horas y horas con papel foamy, silicona caliente y presionando con mis manos hasta que logré el resultado que quería. Recuerdo que mi pareja en ese momento, al ver que varias personas preguntaban por qué me estaba tardando tanto, les respondió:

“Así es él, lo quiere hacer así”.

Ella sabía que yo estaba en mi propio mundo. Y sí, en mi cabeza solo quería que quedara bien… que quedara perfecto.

A esa edad no tenía ni la más mínima idea de lo que era el perfeccionismo. Solo sentía ese deseo, casi obsesivo, de hacer ciertas cosas con tanto detalle. Y la verdad, eso no ha cambiado tanto. Hoy, casi diez años después, sigue siendo algo que me acompaña —en el trabajo, en mis relaciones, en la vida.

¿Pero qué ha cambiado?

Sinceramente, no mucho.
Sigo siendo ese niño de 15 años que quiere que todo quede perfecto.
Pero he encontrado un balance.

Y no me refiero a dejar de ser así.
Tampoco a abandonar los detalles de las cosas que me importan.
Mi balance ha sido elegir cuidadosamente en qué momentos y en qué cosas permitirme ser así.

Como dice esa frase:

“Escoge sabiamente tus batallas”.

Y sí, he aprendido a soltar. A veces. Pero también, ser perfeccionista inconsciente puede traer sus consecuencias. No estoy muy orgulloso de admitir esto, pero… una vez pasé tres días diseñando un botón para un sitio web.

Sí. Tres días para un botón.

Pero fue el mejor botón que he creado en mi vida.
Y hasta hoy, me siento orgulloso de él.
Mi exjefe, probablemente no tanto.

Hoy entiendo que hay un nivel aceptable de detalle. Que no todo puede ser perfecto. Y que a veces, done is better than perfect.

Y vos, ¿te considerás perfeccionista?
¿Te has quedado alguna vez atrapado en ese ciclo?
Te leo.

Nos vemos la próxima semana. 🚀

“La perfección es enemiga del progreso.”
— Winston Churchill

Si tienen más reflexiones sobre este tema o desean compartir sus propias experiencias, no duden en responder a este correo. Sus voces son importantes y me encantaría integrarlas.
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