¿Cuántas veces has empezado algo lleno de motivación, solo para dejarlo días después? La fuerza de voluntad es un recurso finito, la disciplina es una energía renovable. Y eso lo aprendí de la manera difícil.
Tiempo atrás me encontraba pensando en qué hacer con mis proyectos. Tenía 19 años y no tenía ni idea de qué quería hacer; solo sabía que desde pequeño siempre he querido hacer muchas cosas. Desde crear videos hasta ser un intento de carpintero. Esta curiosidad me ha llevado por muchos caminos y me ha ayudado a ser quien soy hoy.
Yo con 15 años haciendo una prensa hidraulica de carton y con un tutorial de Youtube.
Pero algo siempre era constante cuando quería hacer algo nuevo o aprender una habilidad nueva: me aburría después de un tiempo. Al empezar, me sentía emocionado, entusiasmado por iniciar y hacer, hasta que esa motivación se desvanecía… y así, una y otra vez.
Con el tiempo, logré identificar que muchas veces sentía que mi tiempo no lo aprovechaba en “hacer cosas productivas”. Aunque no puedo negar los aprendizajes obtenidos al intentar algo por dos días y cambiar de opinión al tercero, eso lo dejamos para otro día.
Al darme cuenta de que mi método de aprender algo por pura motivación no me ayudaba a realizar cambios sostenibles a largo plazo, descubrí el poder de los hábitos (de lo cual ya hemos hablado anteriormente —acá el link).
Sin embargo, los hábitos son solo una parte de la fórmula. La siguiente parte fue la disciplina para llevar a cabo esos cambios. Lo sé, sé lo trillada que suena la frase: “La disciplina le gana a la motivación”.
Pero hoy quiero que veamos estas frases trilladas desde otro lente. Muchas veces, una frase por sí sola no tiene impacto; es como ver todas las frases de los filósofos sin contexto alguno. Por eso, simplemente citar una frase no nos hace automáticamente adquirir el proceso de aprendizaje de quien la dijo para sintetizar lo que aprendió.
Pero, si suena tan fácil, ¿por qué muchas veces fallamos o no tenemos la disciplina para realizar un cambio?
Muchas veces es porque ese cambio que queremos hacer se basa únicamente en fuerza de voluntad. James Clear, en su libro Atomic Habits, hace esta analogía: “La fuerza de voluntad es un recurso finito”.
Esto es algo con lo que estoy seguro que muchos podemos empatizar. Nos damos cuenta de que muchas veces confundimos la fuerza de voluntad con la verdadera disciplina.
Su valor
¿No les ha pasado que, muchas veces, dan un consejo a un amigo y sienten que este consejo no fue escuchado? Esto sucede porque, a veces, no hemos internalizado las cosas. Lo mismo pasa con las frases de las que hablábamos hace un momento.
Cuando no identificamos el verdadero valor de hacer algo, usualmente no lo hacemos. También debemos ser honestos con nosotros mismos y reconocer cuándo realmente nos importa hacer un cambio y cuándo no. Aquí radica el valor de priorizar y empezar a hacer cambios sostenibles en el tiempo.
Así como la disciplina requiere esfuerzo, algo que también lo requiere es tener una relación sana con el dinero. La semana pasada les hice la siguiente pregunta y uno de ustedes respondió:
¿Qué significa el dinero para ti? ¿Cómo es tu relación con él?
Nuestros orígenes y crianza influyen profundamente en nuestra relación con el dinero. Aunque no compra la felicidad, el dinero proporciona seguridad, tranquilidad y acceso a recursos que pueden mejorar nuestra salud mental, como ayuda profesional o tiempo de descanso. Sin embargo, también puede generar dependencia emocional, limitando nuestra libertad.
Esta reflexión resuena conmigo porque, al igual que la disciplina, el dinero puede brindarnos libertad y tranquilidad, pero requiere de nosotros una gestión intencional.
Ahora te pregunto: ¿Cuál es esa actividad o situación de tu vida que realmente crees que vale la pena para cambiar el chip de fuerza de voluntad y hacerlo realidad? ¡Te leo!
Nos vemos la siguiente semana.
"La disciplina es imposible sin la sabiduría y sin entender qué vale la pena elegir." - Ryan Holiday, La disciplina es destino.
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