Es más difícil pasar del cero al uno que del uno al dos.
Es curioso pensar en cómo procrastinamos. En el libro Solving the Procrastination Puzzle de Timothy Pychyl, se define la procrastinación como “La postergación voluntaria de una tarea importante”. En los tiempos actuales, este término se ha popularizado muchísimo. Pero, ¿qué hay más allá de postergar una tarea?
En el mismo libro, se menciona que “La procrastinación no es simplemente un problema de gestión del tiempo, sino más bien un problema emocional. Cuando procrastinamos, estamos evitando tareas no porque carezcamos de tiempo o habilidades, sino porque esas tareas generan emociones negativas como ansiedad, aburrimiento, frustración o inseguridad”. Esto lo escuché por primera vez en este video de Ali Abdaal, y me pareció extraño pensar en la procrastinación como un problema emocional. Raro, ¿no? Pero, de alguna manera, empezó a tener sentido.
La próxima vez que me vi procrastinando, me di cuenta de dos cosas fundamentales que me afectan a la hora de trabajar:
No tener claro lo que tengo que hacer.
La ansiedad y el miedo que genera hacer algo nuevo.
Empecemos por la primera. Hace un tiempo, en mis trabajos como desarrollador, uno de los puntos de mejora que siempre se mencionaba era mi “Velocidad de desarrollo”, es decir, qué tan rápido podía hacer el trabajo asignado. Después de analizarlo y escuchar feedback, me di cuenta de que no era un problema de habilidades técnicas, sino de no tener claridad sobre lo que debía hacer. Creo que a todos nos ha pasado: cuando no sabemos por dónde empezar, postergamos. Y de repente quedan solo dos días para entregar el trabajo, reporte o video. Entonces, ¿cuál era mi problema? Radicaba en que, al no tener claros los pasos a seguir, aunque sea de manera general, prefería dedicarme a tareas que sabía cómo hacer. Así, terminaba procrastinando lo que debía hacer primero.
Este efecto se convierte en una bola de nieve, porque el procrastinar nos lleva a sentirnos estresados y ansiosos, lo que a su vez nos impide hacer las cosas cuando deberíamos. Esto no solo aplica en el trabajo, sino también en cualquier aspecto de nuestras vidas, desde tareas domésticas hasta entregables importantes.
Aquí entra en juego el segundo punto: “Ansiedad y miedo”. No solo estas emociones se generan al estar atrasado en algo, sino que también aparecen cuando queremos hacer algo nuevo: iniciar en el gimnasio, aprender una habilidad, hablar en público, emprender, etc. Siempre que salimos de nuestra zona de confort, hay un nivel de ansiedad y miedo, ya que es algo desconocido. Esto mismo me pasó.
La semana pasada tenía que estar trabajando en una presentación para mi idea de startup, pero, adivinen qué: exacto, por miedo a lo nuevo y por no tener claro lo que debía hacer, procrastiné. Una de mis mentoras, a quien debía presentar mi idea, está al otro lado del mundo y su tiempo es limitado. Así que, cuando le pregunté si tenía tiempo para agendar una reunión, me respondió esto:
Extracto de una conversación
En menos de diez minutos, no tuve tiempo ni de reaccionar, pero ya debía hacer lo que tenía que hacer. No podía dejar pasar la oportunidad, así que lo hice. Y ¿saben qué? Salió mucho mejor de lo que esperaba. Aprendí mucho y me llevé otra lección: siempre tenemos que priorizar lo que es importante para nosotros. Es mucho mejor hacer algo con miedo que no hacerlo.
Y hablando de superar el miedo, hace poco les pregunté a ustedes sobre cómo podrían cambiar sus vidas si adaptaran su identidad. Aquí les comparto algunas de las reflexiones más poderosas:
¿Qué cambios en su vida podrían lograr si adaptaran su identidad?
“Muchas veces me veo en la situación de cuestionar acciones cotidianas del día a día y me doy cuenta de que, aunque no siempre lo veo lógico, es difícil romper esos esquemas. Si adaptara mi identidad, podría arriesgarme a hacer proyectos personales que sé que me harían más feliz y me darían un propósito más significativo. Sin embargo, para hacer eso, debo cambiar la creencia de que necesito quedarme en algo estable económicamente que no me hace feliz.”
“Siempre había vinculado el éxito académico con mi valor personal y me había enfocado en seguir un camino muy estructurado en mi carrera. Pensaba: ‘Voy a estudiar Ingeniería Industrial, sacar excelentes calificaciones, hacer un MBA, un doctorado, y seguir acumulando logros académicos’. Pero todo giraba en torno a alcanzar el éxito académico y a definir mi valor como persona a través de esos logros. Sin embargo, gracias a la terapia y la psicología, me he dado cuenta de que eso no es lo que realmente quiero. Lo que de verdad me apasiona es aprender por el simple hecho de ser curiosa. Ahora mi objetivo no es ser la mejor ingeniera o acumular títulos, sino aprender lo que realmente me interesa.”
Estas respuestas nos recuerdan que el miedo al cambio puede impedirnos ser quienes realmente queremos ser. Entonces, ¿qué es lo que estás postergando por miedo? Te leo.
Nos vemos la próxima semana.
¡Gracias por seguir acompañándome en este viaje!
"Primero descubre de lo que eres capaz, luego decide quién eres." — Dr. Kerry, Educated by Tara Westover.
Si tienen más reflexiones sobre este tema o desean compartir sus propias experiencias, no duden en responder a este correo. Sus voces son importantes y me encantaría integrarlas. {{ address }} Unsubscribe